El castillo es sublime, auténtico y está mantenido con buen gusto. La mesa del huésped es sencillamente fabulosa, digna de un restaurante gourmet. Deliciosos platos servidos en una magnífica sala. El desayuno es real con mermeladas caseras, yogures y más. Jean Louis y Joelle son maravillosos, atentos y hacen todo lo posible para que su estancia sea lo más inolvidable posible.
Aquí no hay nada que decir, todo fue perfecto.